domingo, 29 de noviembre de 2015

El placer de extrañar

Otra vez más. Otra jodida vez más. Y tan jodida, cada vez más y más jodida. Aquí estoy, detrás de una gran ventana de cristal, esperando a qué te marches. Ni 24 horas han pasado desde que nos hemos encontrado, ni tan siquiera 20. ¿Por qué cada domingo igual?, ¿por qué razón tienes que partir?, ¿por qué esa mirada triste y angustiada?, ¿por qué lo que queda de fin de semana se hace eterno? Joder. Desesperación, rabia y tristeza se apoderan de mi; incapaz de no caer en la confusión. Otro tren que pasa, y con él, se larga un pedazo de mi. 
El tiempo es traicionero y las ganas le siguen ganando la batalla. Sí, definitivamente sí, me preocupa que algún día el resultado de sumar las dos incógnitas dé negativo. Imposible describir qué sentimientos florecerían en mi.
No puedo, no me veo con ninguna fuerza para afrontar la nueva semana. Supongo que es lo que ocurre cuándo quién te da las ganas de todo, quién te quita tus miedos, quién deposita toda su confianza en ti y quién no deja de sacarte sonrisas haciendo que veas la vida de otra manera, en definitiva, quién te da la pura felicidad, no está a tu lado.
Hacer mil y una tonterías al día, enfadarnos, reírnos, besarnos, acurrucarnos toda la noche juntos, despertarnos con algo más que un 'buenos días'... Vivir.
Sé que durante una semana no lo voy a hacer. Tú te has ido, te lo has llevado todo. Mi cara sigue allí, en ese andén, observando melancólico cómo te alejas.
Hay que seguir. Mis sentimientos hacia ti son mayores que el pesar que me invade, y mi única motivación para continuar eres simplemente tú. No valdría la pena sufrir por alguien que sabemos que no va a durar en nuestra vida; pero tú, tú lo mereces, tú lo has conseguido. Y me alegro de tener que sufrir por ti, de que la espera para verte sea lo más larga posible, de que tu tren parta una y otra y otra vez delante de mis narices y que eches de menos de mi todo lo que echo de menos yo de ti.
Es inevitable fijarse en los demás, aquellos que se ven día sí y día también, ¿y sabes? estoy completamente seguro que ninguno de ellos se besa, se extraña, se valora, sueña y se ama de la forma en que la hacemos nosotros. Así, me siento el más afortunado del mundo. Te quiero.

Guillem Dolz