miércoles, 18 de mayo de 2016
Cuidando de las semillas
Perdonen mi inactividad durante estos meses. Todo aquel que escriba debe tener un objetivo, una inspiración, debe ansiar algo; yo, por suerte o por desgracia durante estos felices meses, debo decir que sí, he tenido momentos, lugares dónde poder perderme escribiendo pero siempre me faltaba ese objetivo, esa motivación. Quizás por el mero hecho de sentir que lo tengo todo en mis manos, que todo lo que anhelo lo poseo, que jamás se escapará y, lo peor, que jamás cambiará. Echar de menos. No echamos de menos personas, ni lugares ni momentos. Echamos de menos las sensaciones que éstos nos producen, los sentimientos que afloran dentro de nosotros. Y como toda flor bien hermosa, dichos sentimientos hay que cuidarlos, regarlos cada día e iluminarlos para que sobrevivan. Las flores, agradecidas, nos devuelven nuestros cuidados con enormes muestras de afecto y sorprendentes paisajes pero en el momento, en el mísero instante que las descuidemos, su naturaleza provoca cambios. Cambios que les afectan a ellas mismas y que repercuten en nosotros. La reflexión que quiero hacer es la siguiente: por muy bella que parezca esa flor, por muy agradecida que esté por nuestros cuidados y por mucho amor que nos atorgue, nunca debemos de descuidarla lo más mínimo. Recuerden, los pétalos son demasiado frágiles y posiblemente un tanto traicioneros si deben de predecir nuestro futuro.
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