lunes, 19 de octubre de 2015

La lección diaria

Ese momento en la profunda noche, tumbado en la cama, con los ojos entreabiertos pero sin observar nada, satisfecho, repasando todo lo que haces, aquello que dejas de hacer y todo lo que harás. Ese instante en qué se detiene tu mundo, el tiempo. Y tú, allí estás, como si pudieras disipar algo en mitad de la oscuridad, miras de reojo a tu lado de la almohada pensando que algo no marcha correctamente allí, mirando al techo de tu habitación, tan fría, tan sola, pensando, intentando agrupar todos tus sentimientos, tratando de convertir tus singulares en plurales, tus condicionales en futuros, tus subjuntivos en indicativos. Todos tus pensamientos se alinean frente a ti, pasan a la cabeza de quién debería estar allí. 

Siempre con tu duda. La inevitable duda del cobarde, del indeciso, del que conoce mucho sin saber nada, del que no puede creer que le esté volviendo a pasar... ¿Otra vez? No. Más fuerte, más sincero, más real, más comprendido. Más todo. Cuándo pensaba que lo había vivido todo... ¿O no? Jamás lo sabré. Tiene que llegar ella para mostrarme aún más cosas. ¿Más? Sí, joder, más. No lo es todo; las que ya conocía me las muestra más intensas, más cercanas, más palpables. Quizás no era tanto lo que conocía. ¿Por qué dicen que es tan difícil? Me lo enseña, me lo expone con todo tipo de detalle. La lección magistral que no se puede explicar tan sólo un día; hay que hacerlo todos y cada uno de ellos para que siga creyendo en ella. No le importa y le atiendo cómo si fuera el primero, cómo si lo desconociera todo, pero es que es diferente, aunque cada día sea la misma lección la que me enseña, todo es distinto si lo hace ella.

Pero llega mi turno; su explicación me ha llegado hondo, me la he creído. ¿Podré ser capaz de calarle tan profundo cómo ella lo ha hecho conmigo? No tengo que pensar nada. Me ha mostrado mucho, incluso demasiado. Me ha puesto las cosas tan sencillas que tan sólo tengo que regirme por sus pasos, por sus explicaciones. No tener miedo, ser yo mismo y actuar conforme lo sienta. No me supone ningún esfuerzo hacerlo. 
Gracias a mi ella es quién es. Gracias a ella soy quién soy. Siempre necesitamos a alguien que nos recuerde quienes somos pero sobretodo que nos enseñe a serlo. Tú, yo, nosotros.

Guillem Dolz

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