jueves, 10 de septiembre de 2015

Una noche de verano

Siempre la misma persona, jamás la misma escena.
Bien entrada la madrugada de una de esas noches veraniegas que salimos por algún pueblo de los alrededores dónde son fiestas, ya sean religiosas o no, siguen siendo fiestas. Estoy con una veintena de amigos bastante afectados por los efectos del alcohol y te das cuenta de que no has ido hasta allí ni por emborracharte, ni por aguantar bailando hasta que amanezca, ni tan siquiera por ver a la mayoría de tus conocidos allí presentes. Sin embargo esa chica, esa chica que no te ha dirigido palabra en toda la noche, la misma que con la mirada clavada en ti lo dice todo y su sonrisa mientras te observa lo corrobora, hace que tu pregunta de ¿Por qué cojones estoy aquí?, se convierta en ¿Por quién cojones estoy aquí?. Sí. Por ella. Claramente.
Mientras me encuentro en medio de una multitud, suena una de las canciones más bailadas del verano. La gente enloquece, se vuelve completamente loca. En ese preciso instante, todo y absolutamente todo se ralentiza; sus ojos verdes clavados en los míos, su sonrisa imaginándomela junto a la mía. En un abrir y cerrar de ojos, nos cogemos de la mano y nos alejamos de toda la muchedumbre. Nos vamos lentamente del lugar, sin importar quién nos vea pero con unas terribles ansias de quedarnos solos, ella y yo. Terminamos en la playa, en una noche más que oscura y dónde podíamos divisar miles y miles de estrellas en el cielo. Ella se aposenta encima de mis piernas, su largo pelo dorado oculta mi cabeza, su perfume... perfecto, se impregna en mi ropa, en mi cuello. Mejilla contra mejilla nos quedamos allí, frente a una agradable brisa del mar que junto con su fragancia forman un aroma más que perfecto, observando el cielo, intentando divisar estrellas fugaces, ilusionados con pedir un deseo.
Me encantaba verla con la cabeza levantada, como una niña pequeña que va a ver su primer castillo de fuegos artificiales e intenta no perderse nada.
Y es que yo, no necesitaba mirar el cielo; la estrella más bonita la tenía a mi lado y mis deseos ya se estaban cumpliendo. En una de nuestras noches de verano.
 
Guillem Dolz

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