¿No creéis que todos tenemos a esa persona con la que actuamos realmente tal y como somos? ¿Con la que no nos da miedo decir lo que pensamos o hacer lo que sintamos en ese preciso instante tan solo por su mera presencia?
No hay mejor sensación que encontrarte a ti mismo y sentir en todo momento que estás siendo tal y como eres; pero hay que pagar un precio muy alto para conseguirlo.
Sólo podremos ser capaces de mostrarnos en nuestro máximo esplendor, si los demás pueden vernos desde fuera, por dentro y a través de nosotros. Quedamos a la luz de todos a quienes nos exponemos y éstos tendrán conocimiento de nuestros más profundos temores y serán conscientes de nuestras mayores debilidades. Es por eso que debemos ser muy cautos, pues cualquiera podría provocarnos el más irreparable de los daños si confiamos demasiado pronto o hacemos una errónea elección.
Y qué fácil es decirlo, eh? Ay el amor... Tan difícil y a la vez tan sencillo, tan peligroso y a la vez tan hermoso, tan nombrado pero sobretodo tan irrepetible.
Es a la persona que tenemos a nuestro lado, a la que le hemos reservado y entregado nuestro corazón, la que tiene el poder de decidir qué hacer con él. Sabrá lo que habrá dentro, lo analizará detalladamente, lo conocerá perfectamente y encontrará todas nuestras virtudes, todos nuestros sentimientos pero también cada una de nuestras heridas. Por lo tanto, aunque esa persona tenga la potestad de reabrir esas heridas, de hacer unas nuevas o incluso de dañar el mismo corazón de una forma más violenta, confiamos en ella, se lo entregamos.
'Qué ganas de sufrir a lo tonto', dirán algunos. 'Yo no me la jugaría', dirán otros.
Ay señor, cuánto miedo... Para poseer las mejores cosas, cuánto mayor es el riesgo, mayor es la recompensa.
¿Jamás habéis estado corriendo y solamente con pensar con esa persona, te vuelve a llegar el aire al cerebro y a cada uno de tus músculos y te anima a seguir un poco más? ¿No habéis soñado nunca con esa persona que aunque te despiertes un lunes de una semana de exámenes a las siete de la mañana, te anima a afrontar el día con más ganas que nunca? ¿Y qué me decís de aquellas noches durmiendo los dos en vuestra cama, dónde dormidos os besabais intuitivamente y os susurrabais 'te quieros' entre las sábanas?
Todas estas sensaciones y respuestas involuntarias, sólo las podremos apreciar siendo débiles, entregando aquello que nos pertenece, que más valoramos y lo más frágil que tenemos a alguien que haga exactamente lo mismo con nosotros.
Porque a partir de ser débiles, podremos sentir las mejores cosas que existen. Y es eso lo que nos hace más fuertes.
Guillem Dolz
Lo ha sabido plasmar a la perfección. ¿Tiene algún libro o novela?
ResponderEliminarMuchas gracias. No, todavía no. Aunque sí que entra dentro de mis planes, serán los primeros en saberlo.
Eliminar